Muchos cometen el error de estar con alguien para no estar sol@s, el problema es que muchas veces eso no evita que sigan sintiéndose igual.
Estás en tu casa y si quieres cocinar … cocinas. Si quieres dormir… duermes. Si quieres estar desnud@ caminando por tus 4 paredes… te desnudas y ya.! Tu única responsabilidad parecieras ser tu mism@, no tienes porque rendirle cuentas a nadie, ni pedir permisos, ni dar explicaciones. La soledad es buena compañera, aunque suene extraño. A veces solo escuchar nuestros pensamientos, nuestra respiración o cada uno de nuestros latidos, es sano… es sabio… es útil.

Pero llega el momento en que inconfundiblemente necesitamos la presencia de ese alguien que nos diga a donde ir, que hacer y como?
Un alguien que aún sin pronunciar palabra alguna, simplemente camine a nuestro lado y se acople a nuestro ritmo, enseñándonos a ajustarnos también al suyo porque creo que se aprende a estar sol@ pero también se aprende a estar en compañía.
Con el tiempo me he ido acostumbrando a estar sola. Aunque pensar que ya se ha hecho costumbre, me perturbe un poco. Un@ se vuelve malcriad@, maños@ y hasta difícil.
Insisto en la idea de decir que estoy cansada de estarlo y que no quiero seguir sintiéndome así. Y al mismo tiempo me repito y procuro hacerlo con eco y todo.! que hay alguien esperando por mí. Ese príncipe que sé que existe.! Que guarda una zapatilla de cristal que se adapta perfectamente a mi pie. Quizás el destino, el universo, las estrellas o algún hueco o desvío en el camino, no nos ha permitido conocernos… o si? Quizás en medio de nuestro desierto, aún no alcanzamos a escuchar esas pretensiones sigilosas que impacientemente piden a gritos un poco de compañía.
Si ahora es el momento de estar conmigo misma o sinmigo, no me queda otra que disfrutar y sacarle el mayor provecho a esta oportunidad. Porque creo que siempre se trata de un chance, un momento, una etapa, algo que por alguna buena razón nos toca experimentar (claro, que la cosa cansa).
No sentirte sol@ es descifrar con una simple mirada lo que el otro te quiere decir, es mantenerte callad@ y aun así poder conversar. Es no tener que pedir cariño porque siempre se hace sorpresa. Es la complicidad de una sonrisa, de un sonido, de un mínimo roce. Es confiar, es creer, es simplemente sentir la presencia de quien te ama, aunque no esté.
Estás en tu casa y si quieres cocinar … cocinas. Si quieres dormir… duermes. Si quieres estar desnud@ caminando por tus 4 paredes… te desnudas y ya.! Tu única responsabilidad parecieras ser tu mism@, no tienes porque rendirle cuentas a nadie, ni pedir permisos, ni dar explicaciones. La soledad es buena compañera, aunque suene extraño. A veces solo escuchar nuestros pensamientos, nuestra respiración o cada uno de nuestros latidos, es sano… es sabio… es útil.

Pero llega el momento en que inconfundiblemente necesitamos la presencia de ese alguien que nos diga a donde ir, que hacer y como?
Un alguien que aún sin pronunciar palabra alguna, simplemente camine a nuestro lado y se acople a nuestro ritmo, enseñándonos a ajustarnos también al suyo porque creo que se aprende a estar sol@ pero también se aprende a estar en compañía.
Con el tiempo me he ido acostumbrando a estar sola. Aunque pensar que ya se ha hecho costumbre, me perturbe un poco. Un@ se vuelve malcriad@, maños@ y hasta difícil.
Insisto en la idea de decir que estoy cansada de estarlo y que no quiero seguir sintiéndome así. Y al mismo tiempo me repito y procuro hacerlo con eco y todo.! que hay alguien esperando por mí. Ese príncipe que sé que existe.! Que guarda una zapatilla de cristal que se adapta perfectamente a mi pie. Quizás el destino, el universo, las estrellas o algún hueco o desvío en el camino, no nos ha permitido conocernos… o si? Quizás en medio de nuestro desierto, aún no alcanzamos a escuchar esas pretensiones sigilosas que impacientemente piden a gritos un poco de compañía.
Si ahora es el momento de estar conmigo misma o sinmigo, no me queda otra que disfrutar y sacarle el mayor provecho a esta oportunidad. Porque creo que siempre se trata de un chance, un momento, una etapa, algo que por alguna buena razón nos toca experimentar (claro, que la cosa cansa).
No sentirte sol@ es descifrar con una simple mirada lo que el otro te quiere decir, es mantenerte callad@ y aun así poder conversar. Es no tener que pedir cariño porque siempre se hace sorpresa. Es la complicidad de una sonrisa, de un sonido, de un mínimo roce. Es confiar, es creer, es simplemente sentir la presencia de quien te ama, aunque no esté.

